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El desastre de Annual. El ejército perdido. 2ª parte

18 Ago , 2016  

Juan Manuel Álvarez Espada

Desde Encinsola

21 de julio de 1921. Quinto y último día del asedio a Igueriben.

Muy de mañana, el general Silvestre, partió de Melilla hacia Annual. Le seguían todos los soldados que había podido rebañar de las diferentes unidades de la capital: centinelas, oficinistas, rancheros, albañiles, carpinteros, etc, cuya capacidad de combate, dejaba mucho que desear.

Mientras tanto, en Annual, el general Navarro había preparado una nueva operación para socorrer Igueriben. Formó a unos 3.000 hombres en dos columnas:

  • Coronel Morales, al mando de toda la Policía Indígena y las harkas amigas, más 4 compañías de fusiles peninsulares. Misión: alcanzar la Loma de los Árboles, expulsar de ella al enemigo y proteger el convoy de aprovisionamiento.
  • Coronel Manella, al mando de todos los Regulares y tropas peninsulares disponibles. Misión: alcanzar las alturas dominantes de la izquierda y proteger el convoy de aprovisionamiento.

La operación, comenzó al despuntar el día con una fuerte preparación artillera. Se dio la orden de avance y pronto se puso de manifiesto que el espíritu combativo de los soldados era claramente insuficiente. La tropa, estaba desmoralizada y combatía sin nervio. Los coroneles Morales y Manella tuvieron que retroceder.

El general Navarro ya lo había presentido, pues antes de comenzar el ataque había enviado al Comandante General un telegrama diciendo:

“… [el espíritu de las tropas] no es todo el necesario para compensar la debilidad … me creo en el deber de exponer la desconfianza de no conseguir el objetivo … [y espera órdenes sobre] si verifico el convoy o preparo la evacuación de Igueriben.”.

A las 12:30 horas, el general Silvestre se presentó en Annual justo a tiempo para presenciar el fracaso del general Navarro, cuyo mensaje no había recibido por estar de camino. Al darse cuenta de la retirada de las tropas, el comandante Benítez envió el siguiente telegrama:

“parece mentira que dejéis morir a vuestros hermanos, a un puñado de españoles que han sabido sacrificarse delante de vosotros.”

Este mensaje encorajinó tanto al general Silvestre que ordenó formar los escuadrones de caballería para lanzarse a la carga. Sus ayudantes le calmaron y el general envió un mensaje a Benítez autorizándole a parlamentar con el enemigo. Fue entonces el comandante Benítez quien se enfadó, pues contestó al general que

Los oficiales de Igueriben mueren pero no se rinden.”

La artillería de Izzumar no enfilaba bien el flanco de la posición para batir a la harka enemiga, así que el general Silvestre ordenó que una batería de montaña se emplazase sobre la lucha. La 5° Batería del capitán Blanco se aprestó a ello, pero sus fuegos llegaron demasiado tarde para salvar Igueriben. Es más, el repliegue de las columnas de los coroneles Morales y Manella casi dejó cercada su batería, por lo que se vio forzado a replegarse sobre Izzumar en lugar de hacer sobre Annual.

A las 16:00 horas, las avanzadillas españolas más próximas a Igueriben, situadas a unos 500 metros, comenzaron a replegarse. Al verlo, el comandante Benítez reunió a sus oficiales y les anunció su decisión de abandonar la posición y de sacrificar sus vidas para salvar la de sus hombres. Previamente había enviado un heliograma al general Silvestre escrito en estos términos:

“Nunca esperé recibir de V.E. orden de evacuar esta posición, pero cumpliendo lo que en ella me ordena, en este momento, y como la tropa nada tiene que ver con los errores cometidos por el Mando, dispongo que empiece la retirada, cubriéndola y protegiéndola debidamente, pues la oficialidad que integra esta posición, conscientes de su deber, sabremos morir como mueren los oficiales españoles.”

El comandante Benítez formó una columna en un desesperado intento de salvar a los pocos hombres que pudieran hacerlo:

  • Vanguardia: al mando del capitán Arturo Bulnes.

  • Flanco izquierdo: al mando del teniente Alfonso Galán Arrabal.

  • Flanco derecho: al mando del teniente Luis Casado Escudero.

  • Grueso, con los heridos y enfermos, al mando del propio comandante Benítez.

  • Retaguardia: al mando del capitán Federico de la Paz Orduña.

El resto de los oficiales se repartieron entre las columnas. El comandante Benítez distribuyó las municiones (20 cartuchos por cabeza) y 15.000 pesetas de la caja de las compañías, “con el encargo de reintegrarlas en el regimiento si se abren camino”. A continuación, quemaron las tiendas e inutilizaron el material.

Se transmitió el último mensaje a Annual:

“Solo quedan doce cargas de cañón, que empezaremos a disparar para rechazar el asalto. Contadlos, y al duodécimo disparo, fuego sobre nosotros, pues moros y españoles estaremos revueltos en la posición.”

El comandante dio la orden de iniciar la salida. Al momento, la mitad de la sección de vanguardia cayó en la puerta de la posición, atacada por los rifeños que irrumpían en masa en la posición. Pero los supervivientes no se replegaron, sino que se lanzaron a la bayoneta pendiente abajo para unirse a los españoles que se retiraban. Los que quedaban en la posición les siguieron en carrera desesperada. Los oficiales se quedaron atrás sobre los sacos terreros, fusil al hombro, disparando sobre los rifeños para proteger la huida de sus hombres. Todos ellos resultaron muertos, menos el teniente Casado que, herido, fue dado por muerto en la confusión del asalto final, y hecho prisionero posteriormente junto a un soldado.

El comandante Benítez murió al frente de sus hombres, a los cuales nunca abandonó. Recibió un disparo en la cabeza que le hizo caer al suelo, pero se rehízo inmediatamente y conservando su admirable serenidad intentó seguir mandando la retirada, hasta que un nuevo disparo que hizo blanco en su corazón le hizo caer muerto.

De los escapados, llegaron vivos a Annual el sargento Dávila y unos 14 soldados. Otras fuentes dicen que se salvaron 36 en total. El artillero Antonio Andreu Modol estaba entre los supervivientes. Cuatro murieron en Annual tras atracarse de agua.

Los muertos de Igueriben

No hay cómputo oficial de las bajas de Igueriben. Sin embargo, si hacemos caso a las versiones más optimistas, podemos afirmar que murieron 320 de los 354 hombres que componían la posición.

Todos los oficiales de Igueriben, menos el teniente Casado, murieron defendiendo la posición.

  • Comandante Julio Benítez, del Regimiento de Ceriñola num. 42. Por su valor y pericia al mando de la posición se le concedió la Laureada.

  • Capitán Arturo Bulnes, del Regimiento de Ceriñola núm. 42.

  • Capitán Federico de la Paz Ortuña, del Regimiento mixto de Artillería de Melilla. Por su valor se le concedió la Laureada.

  • Teniente Alfonso Galán Arraba, del Regimiento de Melilla núm. 59.

  • Teniente Julio Bustamante y Vives, del Regimiento mixto de Artillería de Melilla

  • Teniente Manuel Castro Muñoz, del Regimiento de Ceriñola núm. 42.

  • Teniente Ovidio Rodríguez, del Regimiento de Ceriñola núm. 42.

  • Teniente Julián Serra Serrano

  • Teniente Justo Sierra, del Regimiento de Ceriñola núm. 42.

  • Teniente Ernesto Nogués Barrera, de la Comandancia de Artillería de Melilla.

  • Alférez D. Rafael Villanova Hopper, del Regimiento de Ceriñola núm. 42.

  • Alférez D. Enrique Ruiz Osuna, de Intendencia.

El teniente Casado fue hecho prisionero como se ha comentado anteriormente. Pasó en cautividad dieciocho meses, junto con el resto de prisioneros tomados por los rifeños durante los días del Desastre de Annual. Una vez liberado, el teniente redactó un parte por escrito relatando el ataque, defensa y caída de la posición de Igueriben.

Consecuencias de la caída de Igueriben.

Desde un punto de vista estratégico, la caída de la posición de Igueriben, deja un hueco en el flanco izquierdo de la defensa de la posición de Annual. Entrando por ese hueco, podía llegarse a la posición de Izzuman, desfiladero que podría cortar la retirada de las tropas españolas acantonadas en Annual y en las posiciones del flanco derecho (Sidi Dris, Talilit y Buimeyan).

Además, el General Silvestre había traído a vanguardia todas las tropas necesarias pues buscaba una batalla decisiva con los rifeños de Abd el Krim dejando prácticamente sin retaguardia y sin tropas de reserva por si era rebasada la posición de Annual, pudiendo llegar a la misma Melilla sin ninguna oposición digna de tal nombre.

En el campamento de Annual, la situación a lo largo del día 21 de julio se hace más angustiosa a medida que pasan las horas. La tropa está totalmente desmoralizada y escasean las municiones. Sólo quedan 200.000 cartuchos de fusil (100 por soldado) y unos 30 proyectiles por cañón. Lo suficiente para una batalla.

Desde las 19 horas y hasta las 24 horas del día 21 de julio se producirán cruces de telegramas y radiogramas entre la posición de Annual, la comandancia de Melilla, el alto comisario que se encuentra en plenas operaciones frente a Raisuni y el ministerio de la guerra. Fruto final de todo este rosario de comunicaciones es el envío de vapores a Ceuta para que embarquen lo antes posible tropas frescas para que intervengan, orden dictada por el ministerio de la guerra. Pero el alto comisario esperará hasta las 4 de la mañana del día 22 para ejecutar dicha orden. Se envía a Melilla, dos banderas de la Legión y dos tabores de regulares. Unos 2.000 hombres.

Durante la noche del 21 al 22 el General Silvestre reúne un consejo de guerra con los jefes de todos los cuerpos presentes en Annual, se debe decidir si resistir a ultranza el posible embate rifeño o retirarse escalonadamente hasta Ben tieb o bien retirarse hasta la costa a una posición entre Sidi Dris y Afrau donde pudieran ser reembarcados por la armada.

Pero ya es tarde para el ejército de Annual.

22 de julio de 1921, viernes. – Annual.

El 22 de julio de madrugada hubo una nueva reunión entre el Gral. Silvestre y sus oficiales. La idea del general continuaba siendo la de abandonar Annual inmediatamente protegidos por los escuadrones de Alcántara y dos mías de la Policía (cada mía son 100 hombres). Aunque algunos oficiales señalaron que era mejor resistir hasta que llegara ayuda desde Melilla (se calculaba que ésta llegaría el día 27), el Gral. Silvestre desestimó tal opción e insistió en que la única manera de conservar la vida y que Annual no se convirtiera en un segundo Igueriben era retirarse hasta Ben-Tieb. Se inutilizarían las baterías, se abandonaría el material y se marcharía a toda prisa del campamento. La guarnición de Buimeyán se retiraría hacia Annual y la de Talilit hacia Sidi-Dris.

Creo que, después de conocer las intenciones que tenía el general, las palabras que aquí se reflejan de García Figueras son altamente significativas:

“El consejo decidió emprender un repliegue sobre la línea de Izzumar-Ben-Tieb -y así lo anunció al alto mando en su último telegrama, remitido a las 4.45 de la madrugada del día 22- Pero se olvidó que la retirada combatiendo es la operación más difícil de realizar en Marruecos, dado el sistema peculiar de guerra del marroquí; se olvidó también de que, en ese caso, el terreno nos es desfavorable, y que ambas dificultades , a más de las derivadas de una retaguardia que no estaba desarmada y en la que no habíamos tenido la menor previsión respecto al establecimiento de centros de resistencia que pudieran ser utilizados en cualquier circunstancia desfavorable, han de salvarse con una organización perfecta de repliegue, con unas órdenes terminantes y precisas, y con una disciplina de ejecución absoluta. Todo ello faltó, y para mayor desgracia, faltó el mando, Silvestre fue muerto a la misma salida de Annual…”

En otro orden de cosas, la aguada que había partido desde el campamento de Annual aquella misma mañana hasta el río había sido rechazada por el compacto fuego de los rifeños, las tropas de Abd-el-Krim, siguiendo las órdenes de éste, habían estado construyendo trincheras por la noche desde donde imposibilitaban que los españoles se acercaran al río.

Desde el campamento se vio en la lejanía un gran contingente de rifeños que avanzaban en dirección a Annual tomando posiciones. En palabras de Geoffrey Regan:

”…Estaba ya claro que la situación local era desesperada […] La mañana del 22 de julio, después de una reunión con los oficiales, ordenó una retirada a gran escala. No había previsto ningún plan y dijo simplemente a las tropas que se marchasen “por sorpresa”. La conmoción que causó la orden del propio comandante en jefe hizo perder los nervios a la mayoría de la tropa, formada por conscriptos, que rompieron filas y huyeron presas del pánico. Sus oficiales no hicieron nada para detener la estampida, mientras que Silvestre, que al parecer no tenía ni idea de cómo gobernar la situación, se limitaba a decir a sus tropas, “corred, corred, ese diablo está a punto de llegar”. En realidad, ya estaba allí…”

Para el historiador español Abraham Reolid:

“En los últimos momentos de su vida Silvestre no solamente demostró o ratificó ser un incompetente como militar, sino que su actitud puede rayar directamente en la cobardía. Muchos soldados españoles que se retiraron ordenadamente junto a sus jefes tuvieron pocas bajas entre sus filas, llegando sin demasiados problemas hasta la misma ciudad de Melilla. La cobardía de Silvestre a la hora de dar la precipitada orden de evacuar sin tino ni concierto el campamento base de Annual propició el desastre”.

A ciencia cierta no se sabe qué pasó con el Gral. Silvestre. Parece ser que sus ayudantes intentaron realizar la defensa de la tienda del General, pero fueron sobrepasados. Todas las fuentes consultadas, parecen indicar que se suicidó.

Por su parte, en el libro El Desastre de Annual, Fernández de la Reguera y Susana March refieren de esta manera la evacuación del campamento español:

“El general braceaba, voceaba, azuzaba a la gente para que se apresurase a salir de la posición. Soldados y oficiales corrían de un lado a otro azoradamente, aturdidos. Las órdenes se sucedían seguidas, con frecuencia, de contraórdenes. Los toques de las cornetas parecían sonar al unísono, mezclados en el confuso galimatías.”

Carlos Seco Navarro en su obra La España de Alfonso XIII nos da una visión un tanto diferente en la forma pero igual de desastrosa en el fondo, de las palabras de Silvestre:

“En aquel espantoso amanecer de Annual, las tropas que abandonaban la posición, y a las que faltaban órdenes concretas y precisas, convirtieron la retirada en desbandada, en marcha alocada, presas de un pánico colectivo que a partir de determinado momento fue imposible contener. Desde el baluarte, un Silvestre desesperado les apostrofó: “Huid, soldaditos, que viene el coco…” Una reacción extrema tal vez hubiera podido dominar la avalancha humana, reagrupando a los fugitivos en torno al hombre al que siempre había acompañado un carisma que parecía infalible.”

A estas alturas, hasta el último soldado español del campamento, sabe a ciencia cierta que no acudirán fuerzas de auxilio desde Melilla ni desde ningún otro sitio, que las unidades destinadas a proteger la salida y avance de la columna desde el campamento son insuficientes cuando no inoperantes y que tendrán que retirarse bajo el tupido fuego de los hombres de Krim, hombres que ya dominan las cotas y para los que será muy sencillo disparar, casi sin apuntar, contra un ejército tan numeroso que se retira a la desbandada.

La salida de las tropas españolas del campamento de Annual fue una auténtica calamidad. Los vehículos motorizados, la mayoría de las veces ocupados por oficiales que habían abandonado a sus hombres a su suerte, partieron a toda velocidad hacia Melilla. En el camino, estos para su mayor vergüenza, se quitaban condecoraciones y estrellas y todo aquello que pudiera relacionarlos con la oficialidad (pensaban que si caían en manos del enemigo tendrían más posibilidades de sobrevivir siendo meros soldados que mostrándose como oficiales). Mientras tanto los soldados, desorganizados y mal mandados habían hecho un tapón en la salida del campamento al tratar de escapar todos al mismo tiempo. Como escriben Fernández de la Reguera y Susana March:

Todos quieren huir. Chocan ciegamente, brutalmente unos con otros. Tropiezan en las cargas derribadas, en los hombres y animales muertos, en los carros volcados; se enredan en los correajes, fusiles, macutos y otros objetos abandonados; caen en confuso montón, que los rifeños acribillan, y allí se debaten enloquecidos de terror, maldiciendo, agonizando, luchando salvajemente para zafarse y escapar.[…] La columna cruzaba depositando un aluvión de muertos y heridos que iban quedándose atrás, pisoteados y sangrientos”

La entrada al desfiladero de Izzuman no acabó con la matanza. Las fuerzas de flanqueo españolas, insuficientes a todas luces, no podían contener el ataque rifeño. Finalmente, la columna tomó la pista, aquella conocida por “el tobogán”. Según Fernández de la Reguera y Susana March: 

“El caos era inenarrable. La harca se había apoderado de las lomas de la izquierda del desfiladero, después de desalojar a la Policía, que se les unió en masa, contribuyendo a aniquilar a los españoles. La posición “C” había sido abandonada. Solamente seguía ocupada la avanzadilla, pero por desertores indígenas que disparaban sobre las fuerzas en retirada.”

Mientras tanto, el final de esta columna de muerte estaba saliendo todavía de Annual. Los últimos hombres inutilizaron desesperadamente los cañones y destruyeron todo aquello que pudiera ser de alguna utilidad al enemigo. Los soldados de Ceriñola tenían como objetivo cubrir a los últimos soldados de la columna que salía en esos momentos desde Annual. La idea de Silvestre de confiar a la Policía indígena las alas y el frente de la columna era, a simple vista, una insensatez digna de su mando. Insensatez por el recuerdo de Abarrán y lo que allí había ocurrido, en donde los indígenas se volvieron en un momento determinado contra los españoles y acabaron por masacrar la guarnición

La matanza continuaba, los soldados que caían heridos quedaban, en la mayoría de los casos arrinconados por sus propios compañeros que trataban de escapar desesperadamente. Fernández de la Reguera y Susana March nos explican en su libro El desastre de Annual uno de los episodios más escalofriantes de la guerra:

“[…] Y fue entonces cuando descubrió a los moros. No solamente en la cumbre de las lomas, en las laderas había también grupos de enemigos apostados. Uno de los grupos se movió. Descendían corriendo en dirección a los heridos. Eran seis rifeños. Derribaron a los dos heridos que marchaban en cabeza, golpeándolos con las culatas de los fusiles. Después les abrieron las braguetas. Les cortaron sus partes. Los heridos lanzaban aullidos espantosos. Y en seguida enmudecieron. Los moros les habían taponado las bocas introduciendo en ellas los despojos sanguinolentos”

En otra parte del mismo libro se relata lo siguiente:

“Aparecieron las mujeres. Eran ocho o diez. Las seguían unos cuantos chiquillos. Las mujeres traían a un hombre. Le identificó por el número 42 del cuello de la guerrera. Pertenecía al regimiento de Ceriñola, como él.”

El relato continúa de esta manera:

“Las mujeres llevaban garrotes. Los descargaban ferozmente en la cabeza y en la espalda del soldado. No se defendía el soldado. Avanzaba tambaleándose. Se quejaba roncamente. Solo se llevaba las manos a la cabeza ensangrentada. Cuando el soldado cayó, las mujeres se arrojaron sobre él. Empezaron a golpearle en el rostro con piedras, hasta dejarlo convertido en una informe masa sanguinolenta.”

La cabeza de la columna consiguió llegar a Izzumar, pero allí no había nada para hacerse fuertes. De hecho la posición había sido abandonada, posiblemente de una manera precipitada, por sus ocupantes y destruida concienzudamente con el fin que los moros no pudieran aprovechar nada. La única ventaja que ofrecía el puesto es que se encontraba en un lugar donde las montañas quedaban un tanto apartadas y los rifeños aminoraron el fuego ya que era mucho más complicado hacer blanco al aumentar la distancia.

Si las tropas de Krim hubieran bajado desde las cotas que rodeaban la posición y se hubieran lanzado decididamente hacia los soldados españoles, la masacre hubiera adquirido caracteres mucho más terribles de lo que por si ya fueron, los españoles carecían de cualquier forma de contrarrestar un ataque de ese tipo, pero el moro, quizá por su propia idiosincrasia, no es partidario de la lucha cuerpo a cuerpo a no ser que tenga las cosas muy seguras o muy desesperadas y no se daban ninguno de esos casos en este preciso momento. Además, los rifeños desconocían las posibilidades hispanas de rechazar un ataque frontal o que éste prosperara pero en base a graves pérdidas para sus tropas. Era mucho más sencillo disparar desde cubierto e ir mermando al ejército español poco a poco.

La columna, por tanto, tuvo que continuar su avance al no poderse refugiar en Izzumar. El camino ahora se adentraba por el lecho arenoso del barranco. Los soldados españoles volvían a estar a tiro fácil de los rifeños y éstos no dudaron en comenzar a descargar sus “fusilas” contra ellos. Los cuerpos caídos, bien por heridas o por simple agotamiento, llegaron a ser tantos que impedían el paso a los que trataban de escapar de aquella ratonera. Los pocos soldados españoles que aún conservaban su armas disparaban desesperadamente contra las lomas tratado de cubrir a la columna.

El día 22 por la mañana el teniente coronel Fernando Primo de Rivera trataba de ocupar la posición entre Yebel-Uddia y la posición llamada “B”. Junto a él avanzaban los escuadrones de Alcántara, una compañía de Ceriñola y otra de ingenieros. Él fue el primero que vio llegar a los desesperados miembros del campamento de Annual.

Su primera idea fue la de reorganizar a aquellos hombres, tratar de utilizar a los que todavía pudieran ser útiles, a los que llevaran armas y munición con la intención de hacerse fuertes y tratar de contener a los rifeños. Todo fue inútil, los soldados hicieron caso omiso a los gritos del teniente coronel y continuaron su marcha.

Al ver cómo se presentaban los acontecimientos, Fernando Primo de Rivera tuvo que desistir de toda estrategia que contara con la participación de los hombres de Annual. Lo único que pudo hacer, para mitigar el constante fuego de hostigamiento que sufrían los españoles, fue cargar contra el enemigo tratando de cubrir el flanco de la columna.

Tanto la posición llamada “B” como Yebel-Uddia se encontraban envueltas en llamas, posiblemente sus defensores las habían abandonado y prendido fuego para tratar de evitar que los rifeños las utilizasen, aunque no había que descartar que hubieran sido masacradas por los moros e incendiadas después. Ahora, cerca de la posición denominada “A”, los escuadrones de Primo de Rivera, apoyados por los Regulares del comandante Llamas Martín, se dedicaban a tratar de acabar con las mías de desertores, la Policía Indígena que había, como se decía entonces, “chaqueteado” y que disparaba contra los soldados españoles.

Retomo ahora el libro de Fernández de la Reguera y Susana March para ilustrar otro de esos capítulos espeluznantes de la guerra:

“Los habitantes de los poblados próximos a la ruta contemplan indiferentes o regocijados el tremendo espectáculo. Después van aproximándose a las tropas en fuga. Son hombres y mujeres indígenas. Recogen las armas que arrojan los soldados. Se apoderan de los mulos, derribando en tierra a los heridos que cabalgan sobre ellos. Su audacia crece ante la impunidad. Tumban a un hombre de un garrotazo. Tumban a otro. Los rematan a palos y pedradas en el suelo. Los demás cruzan, siguen, parecen no ver el martirio de sus compañeros, ni escuchar sus estremecedores aullidos. Otros hombres son conducidos a los poblados. Allí los martirizan, los rocían después con aceite. Están vivos aún, cuando surgen las llamas de las humanas hogueras. Y los alaridos brotan llenando de horror todo el espacio.”

Acciones y situaciones como estas e incluso peores son relatadas por los supervivientes de Annual que logran llegar a Melilla:

” [los moros] se agachaban a recoger un fusil, un correaje, cualquier objeto que les llamara la atención y lo cargaban en las caballerías. Examinaban cuidadosamente los cadáveres. Sacaban el contenido de los bolsillos. Les quitaban las botas o alguna prenda. Entreabrían con un machete las rígidas, casi pétreas mandíbulas, desencajándolas para extraer los dientes de oro. Se incorporaban después y seguían. […] Uno de los heridos que reptaba sobre el vientre, fue alcanzado. El moro cabalgó sobre sus costillas. Se escuchaban las patéticas súplicas de aquel desgraciado. El moro le cogió por los pelos. Tiró de la cabeza violentamente hacia atrás y se la seccionó de un solo tajo de gumía. El tronco mutilado despidió un chorro de sangre […] El moro levantó el brazo. Agitó la cabeza. Amarilleaba estampándose contra el cielo azul. Después la arrojó. La cabeza rodó, golpeándose empolvada y trágica. El moro se echó a reír”.

Finalmente, tras largas horas de marcha bajo un sol abrasador la columna, o los restos que quedaba de ella, llegaron a la posición de Ben-Tieb, donde el Gral. Silvestre había planificado que se retirara el ejército de Annual. Los moros dejaron de hostigar a las tropas españolas mientras que el teniente coronel Primo de Rivera no dejaba de cargar con sus agotadas monturas a los pocos rifeños que aún continuaban disparando.

En Ben-Tieb algunos oficiales trataron de reorganizar desesperadamente las tropas, en la posición había municiones y la posibilidad de hacerse fuertes a la espera de refuerzos de Melilla. Sin embargo, las maniobras de los mandos fracasaron ya que la columna hizo caso omiso de las órdenes de los oficiales y continuó su penosa marcha en dirección a Dar-Drius, a unos quince kilómetros de Ben-Tieb. Comenzó a correr la voz entre los hombres que en Dar-Drius se encontraba el general Navarro con tropas de refuerzo, munición, agua y víveres.

Y, ciertamente, algo había de verdad en todo aquello, aunque fuera todavía de una manera remota, el general Navarro se desplazaba inmediatamente desde Melilla hacia Dar-Drius pero sin tropas de refresco y menos con víveres.

Su misión consistía en tratar de detener a la columna lo antes posible e intentar reorganizarla. Se le habían prometido algunos refuerzos que partirían desde Melilla para tratar de apoyar a los hombres de la columna pero tampoco podían enviar un fuerte contingente ya que la posibilidad que la plaza española fuera asediada iba cogiendo cada vez más forma.

El teniente coronel Pérez Ortiz estaba al mando de la guarnición de Dar-Drius, por allí las cosas se mantenían en tranquilidad posiblemente porque los rifeños de la zona todavía ignoraban la debacle del ejército español en Annual. El campamento estaba aceptablemente construido, con parapetos de adobe y barracones aspillerados. Tenía la aguada próxima y disponía de munición y víveres.

Dar-Drius ya conocía las noticias de lo acontecido en Annual por los diferentes vehículos que escapaban en dirección a Melilla. El teniente coronel Pérez Ortiz dispuso las medidas necesarias para apoyar a la columna en caso que fuera hostigada por los moros, a la vez que dispuso la posible defensa de la posición en caso de un ataque rifeño. El parar aquel grupo de hombres no fue tarea sencilla, los soldados agotados por la marcha y en muchos casos heridos “no obedecían las órdenes o no lograban entenderlas.”

Tras numerosos esfuerzos que se convirtieron en horas de lucha contra los soldados que se negaban a parar, se logró retener a la mayoría de la columna (aunque muchos de ellos continuaron su marcha con el objetivo de llegar hasta Melilla), se les aseguró la llegada del general Navarro y que se enviarían refuerzos desde Melilla para reforzar el enclave. Además, los heridos fueron mínimamente atendidos, los soldados pudieron beber, comer algo y descansar. La protección que ofrecía Dar-Drius elevó un tanto la moral de aquellos maltrechos hombres, ya no se escuchaban disparos y los moros no se atrevían a acercarse.

A media tarde del día 22 llegó el general Navarro a la posición y quedó impresionado al ver el estado de las tropas procedentes de Annual. La columna había quedado prácticamente aniquilada durante sus horas de huida, inmediatamente pidió novedades sobre otros destacamentos de la zona. En palabras de Geoffrey Regan:

Los fuertes y bases españolas cayeron como fichas de dominó.”

La primera acción del general Navarro es la de hacer una profunda evaluación sobre las fuerzas y recursos con los que podía contar, así como la de inspeccionar los medios defensivos con los que cuenta la posición.

Su primera orden, cosa que no hizo el Gral. Silvestre, fue la de mandar desarmar a las cabilas amigas pues no confiaba en absoluto que mantuvieran su lealtad cuando se enteraran de lo que había ocurrido aquella misma mañana en Annual. Su segunda orden es que todas las posiciones dependientes de Dar-Drius fueran abandonadas y que los hombres se replegaran hacia el campamento base, para proteger su retirada salieron dos baterías y los escuadrones de Alcántara, fuerzas que fueron suficientes para reprimir los tímidos intentos rifeños por atacar a las fuerzas españolas en su retirada.

Sin embargo el General Navarro seguía teniendo sus reservas a la hora de pensar si Dar-Drius era el lugar idóneo para hacer frente a las tropas de Abd-el-Krim; no confía ni en sus defensas ni en su posición, algunos oficiales aseguraban que partir del puesto era condenar a los hombres a una muerte segura, allí tenían el agua necesaria, había buen número de víveres y munición más que abundante.

Navarro temía especialmente a un levantamiento rifeño en masa en la retaguardia que envolviera y dejara la posición de Dar-Drius absolutamente aislada, en ese caso el sitio podría prolongarse durante un tiempo indeterminado y la ayuda podía llegar demasiado tarde. El general conocía la situación militar de la zona, pues venía de Melilla, y sabía que se tardaría mucho tiempo en articular una columna de socorro.

Navarro telegrafía a Melilla, expone rápidamente y de forma clara el momento en que se encuentra el destacamento español:

 “La situación solo podría salvarse con la llegada de refuerzos.”

NOTA:

EN LAS APROXIMADAS CINCO HORAS QUE DURÓ LA RETIRADA DESDE ANNUAL HASTA BEN-TIEB (DESDE LAS 10 HASTA LAS 15 HORAS DEL 22 DE JULIO) MURIERON CERCA DE 2.500 HOMBRES DEL EJÉRCITO ESPAÑOL Y 1.500 HOMBRES DE LAS POSICIONES CERCANAS DE TALILIT, BUIMEYAN, INTERMEDIAS B y C, IZZUMAR, YEBEL UDDIA Y OTRAS POSICIONES MENORES. EN TOTAL MÁS DE 4.000 HOMBRES DE LOS CERCA DE 6.000 HOMBRES QUE COMPONÍAN LAS AVANZADAS DEL EJÉRCITO DEL GENERAL SILVESTRE.

Mapa 21 julio

23 de julio de 1921, Sábado.- Ben Tieb

La tropa procedente de Annual, y después de la cacería a la que fue sometida en Izzumar por los rifeños, debido a la cobardía de los soldados que guardaban dicha posición llegaron a Ben Tieb, dista 18 kilómetros de Annual. Pero los soldados no se detienen y siguen retirándose sin orden ni concierto.

Ben Tieb era una posición clave que cerraba la llanura del Kert y que perdida esta las tropas enemigas podrían llegar a Melilla prácticamente sin oposición orográfica salvo el que pudiera establecerse en las orillas del Kert. Es una posición defendida por 650 hombres, casi un regimiento y provista de un gran arsenal, provisiones y agua.

Los defensores de Ben Tieb no logran parar la retirada y saben que una vez terminada la retirada quedarán a merced del enemigo. No, del todo. El regimiento Alcántara de caballería al mando de Fernando Primo de Rivera opera en retaguardia ralentizando el avance de los rifeños. Su jefe el Coronel Manella ha caído en Izzumar.

El jefe de la posición de Ben Tieb una vez pasada la masa en retirada, decide retirarse también. Con su marcha se pierde el cerrojo del Kert que salta por los aires. Los rifeños se abren en abanico para acabar con la mayor parte de las posiciones españolas.

Un día antes y ante las noticias que llegan desde Melilla, el general Berenguer parte desde Ceuta en el cañonero Bonifaz para hacerse cargo de la situación. Antes manda a la legión, cuerpo de reciente constitución al mando del Tte. Coronel Millán Astray que reúna una bandera y salga desde Rokba donde están combatiendo hacia el Fondak. El comandante Franco, jefe de la primera bandera, realizará esa marcha de 116 km en 17 horas. Su misión embarcar en Ceuta y dirigirse a toda máquina hacia Melilla.

A finales del 22 y principios del 23 de julio terminan por llegar el resto del ejército perdido en Annual a la posición de Drius. En ese momento el General Navarro que se hace cargo del mismo, tiene ante si un dilema. Resistir o Retirarse. Drius es uno de los mejores campamentos del ejército español en el Rif. Tiene provisiones, munición y agua a escasos 30 mts de las murallas de la posición. Lo fácil hubiera sido reunir a todas las tropas de las posiciones aledañas, hacerlas coincidir en Drius y hacerse fuerte en él. Pero tomará una decisión a primera vista más difícil pero que implicaría una mejor situación en caso de que pudieran ser auxiliados por Melilla. Retirarse a Monte Arruit. Ordena retirada general y organiza las columnas lo mejor que puede hacerse.

Pero existen tres columnas más que también se retirarán y que nunca llegarán a su destino, son: la columna del Coronel Araujo en Dar Quebdani; la que se encontraba acantonada en Zoco el Telatza al mando del Tte. Coronel García Esteban; y la que se encontraba acantonada en Cheif al mando del Tte. Coronel Romero.

Durante la mañana del 23 de julio sale de Cheif la columna de Romero con tropas de las posiciones aledañas. De 604 efectivos sólo llegarán a Drius 37 supervivientes, su gran error ha sido prender fuego al campamento y volar el polvorín. La columna de humo actuará como reclamo para los rifeños. Y gracias a la acción del reg. de caballería Alcántara podrán llegar los 37 supervivientes de la columna. Como fuerza útil, la columna Romero ha sido aniquilada.

En ese mismo momento también por la mañana del día 23 de julio, Araujo después de recibir órdenes del Gral. Navarro de retirarse a Kandussi y establecer defensa en la orilla derecha del Kert, pierde un tiempo precioso esperando la confirmación oficial de la orden recibida. La línea directa desde ambas posiciones será imposible tomarla por lo que debe dar un rodeo hacia Batel y girar luego al oeste hacia Kandussi. No llegarán.

La tropa del Tte. Coronel García Esteban espera instrucciones sobre lo que hacer. Recibe aviso de retirarse hacia Drius, pero es demasiado tarde. No podrían llegar a Drius porque ese mismo 23 se retira lo que queda del ejército. Aguantará en dicha posición de El Telatza unos días más hasta saber qué hacer.

La columna Navarro formada por 2.666 hombres con las baterías, 91 caballos y 193 mulos sale hacia Tistuin distante 20 km. Hasta el ferrocarril. Pero en medio está el río Igan que forma un foso que sirve de trinchera. Los rifeños que han avanzado lateralmente a la columna llegan y se apostan esperando a los españoles.

Lo hace aún habiendo recibido orden expresa de su superior, el General Berenguer, para resistir en la línea Dar Quebdani – Kandussi – Drius – Telatza. No es posible mantener dicha línea, ha sido superada por los rifeños. El general Navarro lo intuye y contesta a su superior que es imposible con la moral de la tropa y su situación realizar esa resistencia. Por tanto continua con su idea de retirada, hecho que inicia el mismo 23 de julio.

El rgto. Alcántara forma esa mañana del 23 en Drius. Lo manda su jefe accidental Fernando Primo de Rivera, vuelven a ser el referente en retaguardia, y en vanguardia y en todas partes pues allí están, en todas partes.

El Tte. Coronel forma a la caballería y la arenga con las siguientes frases:

“Ha llegado, señores, la hora de sacrificarse por la Patria. Vamos a luchar como leones, y si nos hemos de llevar por delante mil, a ver si podemos llevarnos tres mil”. Y lo harán.

Por la tarde y ante el barranco del Igan cargará el rgto. Alcántara no una, sino hasta cuatro veces contra las posiciones rifeñas. La última carga la realizarán a pie pues las monturas no pueden más. Con esta valerosa acción, salvarán a la columna Navarro. Pero supondrá su casi total aniquilación. De 465 efectivos, sólo se salvarán menos de 60 hombres.

Durante la tarde del 23 de julio, se produce el ataque a la posición de Buhafora, el capitán Capablanca con 130 soldados resistirá hasta su aniquilación casi completa. Sólo se salvarán 3 hombres. Serán traicionados por la policía indígena.

Ya por la noche del 23 de julio llega a Melilla el General Berenguer, hay tumultos en la ciudad de Melilla que cree va a sufrir la invasión de las tropas de Abd el Krim. Algunos quieren armas para empuñarlas creando milicias civiles. No se crearán.

El Gral. Berenguer, se entrevista con los jefes de las cabilas afectas a España pero sólo encuentra temor y caras de pocos amigos. Unas cuantas esa misma noche se pasarán al enemigo. Esperaban un ejército, pero sólo viene un general con escolta.

El Gral. Berenguer mira al horizonte y sólo ve hogueras en el Gurugú, la montaña desde la que se domina Melilla. Tiene temor y comprende la magnitud del desastre y no tiene nada que ofrecer.

En Madrid el ministro de la guerra Eza no sabe cuál es la situación real. Sabe que hay una retirada organizada, dirigida por el Gral. Navarro (que no es verdad que sea organizada), sabe que el Gral Silvestre ha muerto (pero no sabe cómo ni por qué). Por no saber no sabe la magnitud del desastre.

El día anterior había salido la columna Navarro hacia Tistuin donde llegaba la vía del ferrocarril con destino a Melilla. Después de la epopeya del regimiento Alcántara que con su sacrificio había conseguido despejar el paso de dicha columna por el Igan.

En la madrugada del 24 de julio el General Berenguer que ha llegado a Melilla, habla con el ministro de la guerra Eza. Literalmente indica el General al ministro, que la comandancia militar de Melilla ha dejado de existir. Que lo que queda está siendo recogido por el General Navarro que sigue replegándose hacia Melilla.

Esa madrugada va a ser larga. A Nador llega también un tren repleto de tropas totalmente desmoralizadas, a duras penas un oficial de la Guardia Civil, consigue que dichos hombres cojan sus fusiles y se apresten a la defensa.

Siguen llegando a Nador además de soldados, civiles provenientes de la zona de San Juan de las Minas y de Segangan.

La defensa de Melilla es el asunto prioritario del General Berenguer y en este punto recibirá el auxilio de un hermano de España, el Caíd Abd el Kader que con sus hombres y dos oficiales españoles al mando de 89 hombres defenderá en una primera línea de defensa a la ciudad.

A primeras horas de la mañana del día 24 de julio, la columna Navarro con casi 3.000 hombres sigue su destino hacia Arruit. En medio va dejando vacías posiciones vacías (Dar Azugaj, Pozo nº 2, Kandussi, etc…). Todas o bien pueden unirse a la columna o bien son aniquiladas cuando tratan de hacerlo.

Aún en ese día, resisten todavía por detrás de las líneas enemigas: Sidi Dris, Afrau, la Intermedia A y la zona surde la antigua vanguardia del General Silvestre.

Las tropas de Abd el Krim avanzan rápidamente por el norte y en paralelo a la columna de Navarro. Columna que rebasarán en dirección a Sammar, Nador y Zeluan con la intención de cortar el paso a la columna Navarro.

Esa misma mañana los rifeños con ayuda de las cabilas locales cercan Sammar, la guarnición no se apresta a luchar y después de parlamentar y entregar sus armas se retiran hacia Melilla.

En la zona sur como ya he comentado antes, no ha llegado todavía la marea rifeña pero le queda poco. La posición principal es el Zoco El Telatza donde se guarecen casi 1.000 hombres. A ellos hay que sumar los que están en las posiciones circundantes. Estas serán las primeras en caer a partir del 23 – 24 de julio (Haf, Sidi Alí, Arreyen-Lao, Siach 1 y Siach 2, Tazarut, Loma redonda). Algunas posiciones pueden replegarse hacia El Telatza, pero casi todas sucumbirán ante la traición de la policía indígena.

En la tarde del 24 de julio y después de resistir varios ataques rifeños su jefe el Tte. Coronel García Esteban debe tomar una decisión, resistir o replegarse a la zona francesa que es la más cercana donde pueden refugiarse. Aceptada la retirada por parte de la oficialidad se sale de noche y aprovechando la niebla sale sin ser vista. Escogen el camino más largo a la frontera francesa pero el que menos piensan los rifeños que pueden tomar. Antes de salir, el Tte. Coronel García Esteban indica a los defensores de una línea adelantada al campamento en el páramo de Uzai que se replieguen y se dirijan a la frontera francesa. Pero el Tte. Bernal González, no acata la orden. Considera que es un error y que no pueden desertar. A su mando casi cien hombres. Deciden resistir.

Al finalizar el día, los rifeños están a las puertas de Zeluan y Nador. El cerco se cierra. Toda la comandancia militar de Melilla ha dejado de existir salvo puntos aislados que resistirán algunos días más.

25 de julio de 1921, Lunes. – Dar Quebdani

En la mañana del 25 de julio se suceden la caída de las posiciones españolas que estaban a retaguardia del enemigo. En Dar Quebdani, la ignominia del Coronel Araujo y parte de sus oficiales quedará para el recuerdo. Después de haber pactado con los rifeños la vida del coronel y de sus oficiales por 5.000 pts. de la época, serán llevados prisioneros. Los 900 hombres que mandan serán fusilados o pasados a cuchillo. Algunos lucharán hasta morir, los menos. Cobardía de los oficiales en estado puro. Araujo, será condenado a un año de prisión y suspensión de sueldo en 1922. Patética la justicia antes y ahora.

Cerca de Dar Quebdani, se encuentra la columna del Capitán Amador que haciendo la aguada (recogida de agua para el campamento) se ha quedado con 106 hombres. Se le conmina a rendirse de parte del traidor Coronel Araujo pero el capitán se huele la engañifa y no acepta. Ordena repartir munición a todos sus hombres y calar bayoneta (ajustarla a la punta del fusil). Comen lo que hay y beben todo lo que pueden. En frente tienen unos 1.000 rifeños al mando del jefe Si Hammú. Frente a frente los dos combatientes. Los rifeños avanzan hacia ellos, los españoles esperan a tenerlos a tiro. Se produce una descarga española y posterior avance. Caerán muchos rifeños, y en su carrera los españoles hundirán sus bayonetas en las filas rifeñas, pero son muchos. Y morirán todos. Morirán luchando.

Mapa 23 julio

La noche del 24 de julio, había salido del Zoco el Telatza la columna del Tte. Coronel García Esteban al mando de 1.500 hombres que operaban en la zona. En la niebla pasan desapercibidos. Se dirigen a territorio francés que está cerca. Pero en la mañana del 25 de julio son detectados y caen sobre ellos los rifeños. Por un momento la retaguardia flaquea y parece abocada a la aniquilación total. Pero se rehacen y aun perdiendo los mulos con las ametralladoras y los heridos logran salir del lugar. Llegarán a la zona francesa 493 españoles. El resto morirán luchando y los heridos serán rematados sin piedad.

Cerca de ese lugar se encuentra la posición de Tazarut Uzai que está comandada por el Tte. Bernal al mando de 120 hombres. Tienen dos cañones y muchas ganas de pelear. Contemplan la retirada de la columna Esteban y su desesperada huida asediada por los rifeños. El Tte. Bernal y sus hombres deciden quedarse. A partir del mediodía son atacados por todos los flancos y van muriendo. La noche del 25 de Junio cae sobre Tazarut. Salvo 7 soldados que escaparán o caerán prisioneros y su vida será respetada, el resto ha muerto.

Al norte y en la costa aún resisten las posiciones de Afrau y Sidi Dris. La de Sidi Dris está al mando del Comandante Velázquez al mando de 300 hombres. Llevan sitiados desde el día de la caída de Annual. Frente a ellos hay varios barcos, el PRINCESA y el LAYA entre ellos. El primero actúa como enlace. Al arreciar el ataque de los rifeños, y ante la desesperación de la tropa acantonada, se produce una desbandada. 200 hombres salen de la posición hacia la playa pero serán abatidos todos por los rifeños. El Cmte. Velázquez con 100 hombres lucha hasta que no pueden aguantar la última embestida. Desde el LAYA se observa la situación y se envía dos botes para intentar socorrer la posición. Lograrán salvar 30 hombres de los 300 que componían la posición.

La posición de Afrau está comandada por el Teniente Vara del Rey. Está formada por 179 hombres. Saldrán de la posición hacia la playa cercana al no poder resistir el empuje rifeño. Serán recogidos por los botes de los barcos que están en la costa. El Teniente Vara del Rey no va el último en retaguardia sino en las primeras posiciones. Otro ejemplo de cobardía. Su desafección lo cubría el cabo García Martín que cubre la retirada. Caeré herido de un tiro en el vientre y aun así, fusil en mano, defenderá su posición mientras le dice a sus compañeros que se vayan cuanto antes y que aguantará. Aguantará hasta que se le echen encima. Un cabo héroe frente a un teniente cobarde. Se salvarán 130 hombres.

La columna Navarro formada por casi 3.000 hombres continúa rehaciéndose en Batel. Allí quedará hasta el 27 de julio.

Nador y Zeluan quedan cercados desde ese día. En Nador, el teniente Fresno de la guardia civil se hace fuerte en la fábrica de harinas con 179 hombres, municiones, agua y comida para resistir. Aunque la iglesia ha sido fortificada se considera que la fábrica de harinas tiene mejor defensa. Los habitantes civiles de Nador piden armas para defenderse pero no se las darán. Se marcharán hacia Melilla.

En Zeluan, el tercer escuadrón de regulares se subleva y escapan 100 hombres después de enfrentarse a regulares leales a España. Con estos efectivos y los que cuidan el aeródromo con la escuadrilla de aviones del General Silvestre (seis aparatos) se formará la defensa que no llega a 300 hombres. En otro acto de improvisación, no se avisa a los pilotos para que se lleven los aviones a Melilla. Estos se perderán quemados por los rifeños.

Pero aún existe una posición que resiste los embates rifeños. Es la posición Intermedia A que ha quedado aislada. Está cerca de Annual. La manda el Capitán José Escribano que junto a 85 hombres resiste debido a un olvido del telegrafista que no avisó a la posición de la retirada. Y seguirán resistiendo tres días más. Los rifeños están asombrados por tanta resistencia, acostumbrados a tomar las posiciones rápidamente. Serán los rifeños quien cuenten a los españoles la heroicidad de nuestros paisanos.

27 – 28 de julio de 1921. – Tistuin.

Desde Annual hasta Nador, todo el Kert está en llamas. Una tras otra han ido cayendo las posiciones españolas: bien conquistadas al morir el último hombre que la defendía, bien abandonándolas o bien negociando con los rifeños.

Sólo quedan en poder español Monte Arruit, Zeluan, Nador, La Restinga, El Atalayón, Melilla y la zona norte de tres forcas. Zeluan y Nador están cercadas al igual que la Restinga que caerá pronto.

Nadie se acuerda de la posición Intermedia A o Posición A que se encuentra entre el paso de Izzuman y el campamento de Dar Drius. Esta posición al mando del Capitán Escribano y 89 hombres sigue resistiendo a las harkas rifeñas.

El 28 de julio la posición está al límite de sus posibilidades, falta el agua y las municiones y el Capitán Escribano, accede de mala gana, decisión tomada después de reunirse con sus oficiales, a conversar con los cadíes rifeños. No obstante, advierte a sus hombres que se mantengan en alerta y en posición de prevenga con fusil al hombro por si hubiese algún tipo de traición.

Comienzan las conversaciones, pero al cabo de un determinado tiempo el Capitán Escribano desconfía de lo que están hablando y observa como los rifeños arteramente están levantando las picas de la alambrada de espino. Escribano se vuelve a su posición y alerta a sus hombres. Le siguen los rifeños y en un momento determinado manda hacer fuego. La descarga de sus hombres mata a Escribano y a 80 rifeños.

Los cañones de la posición siguen disparando, pero son demasiados y la posición es tomada por los rifeños el 28 de julio. De los 89 hombres sólo sobrevivirá uno que había desertado en el comienzo del último ataque.

Quiero hacer mención especial de un hombre de esta posición el Teniente Antonio Medina. Esta historia la cuenta en su libro Historia secreta de Annual Juan Pando.

“El teniente Medina del arma de artillería manda los cañones de la posición A, y todas las noches este vallisoletano escribe cartas de amor a su amada Rosa Margarita Barceló, niña gerundense. El tiene 24 años y ella 20 años.”

En una de sus cartas, Medina le dice a su amada:

“…Y se me ocurrió mirar al cielo. Mi amada iba a las estrellas y mi alma a la tuya. El campamento duerme, algún ruido lejano. Es una borrachera estelar. Te quiero Rosa Margarita, hermosa vida, chiquitina, te quiero…”

Murió ese 28 de julio con sus hombres al pie de los cañones que manejaba. Pero su amada siempre le recordó, no se casó y le guardó ausencia. Tuvo que irse a Estados Unidos por la guerra civil en 1937. Mantuvo todos esos años correspondencia con los padres de Antonio Medina. Y 57 años después del desastre, en 1978 visitó España. Fue a Valladolid a ver a los familiares de su amado Antonio Medina y luego a Melilla. Quería visitar el sitio donde murió Antonio y así lo hizo. Acompañado de militares españoles cruzó la frontera y llegó a la posición A. Y allí depositó un ramo de rosas rojas donde murió su amado. Luego fue al panteón de los héroes de Melilla donde reposaban los restos de su amado.

Volvió a Estados Unidos, pero todos los años por el 28 de Julio, mandaba dinero para que un ramo de rosas rojas estuviera sobre la tumba de su amado. Siguió ocurriendo esto hasta que en 1991, Rosa Margarita Barceló murió. Los hombres de la Intermedia A con su capitán al frente, el teniente Medina y su amada Rosa Margarita fueron fieles a su palabra y todos permanecieron donde tenían que estar. Bella historia entre tanta traición, cobardía y sangre”.

Mientras tanto la columna Navarro que el 27 de julio había pasado de Batel a Tistuin, se queda sin agua y no le queda más remedio que trasladarse hacia Monte Arruit, distante 14 km. Nuevamente sale la columna a campo abierto y nuevamente es hostigada por los rifeños por los cuatro lados. Su avance es penoso y sigue perdiendo hombres. Pero la retaguardia aguanta los envites rifeños fusil en mano y sin arrugarse. La defienden los capitanes Aguirre y Arenas. El capitán Arenas ya es un héroe entre sus hombres. Incendió un granero desde donde los rifeños disparaban a los españoles con la ayuda de un cabo y un soldado. Todos los rifeños que estaban dentro murieron abrasados. La columna llegará a Arruit el 29 de julio.

El 28 de julio, el general Berenguer que sigue en Melilla tiene bajo su mando no menos de 4.000 hombres venidos de Ceuta y de la península. Pero no dispone de ningún avión. Los que disponía (6 aparatos) fueron quemados por los rifeños al cercar Zeluan. Si dispone de 22 aviones operativos en Ceuta y en Madrid pero no los reclamará. Fue otro error más. Casi dos escuadrillas para poder socorrer a Monte Arruit no llegarán a Melilla.

29 de julio – 2 de agosto de 1921.- Monte Arruit.

La columna Navarro después de 7 días desde que salió de Annual se atrinchera en el campamento de Monte Arruit el 29 de julio. 3.000 hombres se amontonan dentro de sus muros, muchos de ellos heridos.

A diferencia de Tistuin o de Drius, este campamento no dispone de aguada fácil y pronto será difícil proveerse de agua.

Los rifeños que han conseguido arrebatar a los españoles la única batería de artillería que les quedaba y que estaba al mando del Capitán Blanco comienzan a disparar al campamento. Ironías del destino, morirá víctima de los disparos de sus propios cañones.

Como víveres, se dispone de 109 litros de aceite, 23 sacos de arroz, 5 de café, 228 de cebada,10 de garbanzos y 16 de judías. Más los caballos del inexistente regimiento alcántara y los mulos que puedan comer. Pero de agua casi nada.

Mientras tanto en Melilla, siguen llegando tropas de la península y de Ceuta. Ya hay más tropas operativas que las que disponía el Gral. Silvestre hace una semana. Pero donde antes era infravalorar al enemigo, ahora se supervalora el mismo y todos son dudas y decisiones demasiado prudentes. Se realizan sobre el papel planes de reconquista, algunos de ellos lógicos en la táctica militar como el plan del Gral. Berenguer.

Dicho plan consiste en desembarcar los efectivos de una división, al menos 10.000 hombres con todos sus pertrechos en la zona sur de la Restinga para desde ahí en amplio arco llegar hasta Zeluan y coger por la espalda a los Rifeños. El objetivo final sería la liberación de Arruit. Pero faltan medios técnicos y políticamente no hay audacia para llevarlo a cabo.

Otros planes menos atrevidos, pero igualmente realizables es partir el frente rifeño con tres columnas en dirección a Zeluan y de ahí a Monte Arruit. 70 km entre ida y vuelta bajo la presión del enemigo pero que con el apoyo necesario de Aviación y Marina podría haber prosperado. Pero el Gral Berenguer, no se atreve. Considera que el enemigo tiene la iniciativa táctica y una avance en tridente hacia Monte Arruit podría ser cercado por los rifeños yendo por la espalda del avance rodeando el Gurugú que ya no es español.

A principios de agosto, llegan los primeros aviones de la península que se unen con los cuatro que quedan operativos en Melilla. Pero el aprovisionamiento por aire de Monte Arruit es deficiente. Llevan sobre todo municiones y barras de hielo para la sedienta posición. Muchas de ellas caerán fuera del campamento en manos de los rifeños.

Estos aviones y los otros que no vendrán podrían haber auxiliado a los sitiados bombardeando las líneas enemigas y sus cañones, pero nada se hace. Nadie cae en la cuenta y el Gral. Berenguer tampoco.

Aunque no toda la culpa es del Gral., él mismo pedirá a su ministro de guerra, el envío de la flota a Melilla para que los cañones de largo alcance puedan auxiliar no ya sólo a los defensores de Monte Arruit, sino a los que resisten en Zeluan y en Nador. Pero el ministro de la guerra tras haber consultado con el de marina no terminan de decidirse y ante la falta de acuerdo entre ambos mandan un mensaje al Gral. Berenguer indicando que no se ve pertinente el envío de la flota, ni siquiera de un solo acorazado.

Mientras tanto la defensa sigue en Nador y en Zeluan.

En Nador la vanguardia de la defensa está al cargo de la guardia civil al que se habían unido parte del ejército en retirada al mando del teniente coronel Pardo Agudín. Su espíritu de lucha no es el mejor. Aunque se han hecho fuertes en la fábrica de Harinas y tienen provisiones suficientes, Pardo Agudín sólo se ha quedado con 8 cajas de munición de las más de 20 que tenía. No tiene ganas y en las primeras de cambio, intenta negociar con los rifeños. Y mientras el Gral. Berenguer le manda mensajes de aliento para resistir y preparar la operación de salvamento, como se describirá más adelante, el Tte. Pardo Agudín y los hombres que con él luchan se rinden ese 2 de agosto cuando iban a agotar las municiones. Sus vidas serán respetadas y al llegar al Atalayón ya en territorio español son increpados duramente por el Tte. Coronel Millán Astray y luego por el Gral. Berenguer.

No obstante, en la defensa de Nador, y a falta del ardor guerrero de Pardo Agudin y las tropas del ejército, hay que hacer mención especial a la actuación de la guardia civil al mando del teniente Fresno que reclutó la tropa que sirvió de defensa y la organizó.

La heroica defensa de la fábrica de harina había conseguido distraer a numerosas fuerzas rifeñas que gracias a ello no fueron utilizadas para atacar Melilla, dando tiempo a que los refuerzos llegados a esa plaza pudieran ir organizándose y asegurar su defensa. No obstante el cabo de la Guardia Civil Laureano Lozano, perteneciente al Puesto de Nador, fue enviado junto a dos soldados indígenas de Regulares a solicitar un auxilio que nunca llegó.

Entre todos los defensores destacaba muy singularmente por su valentía y continuos actos de heroicidad el guardia civil 2.º Manuel Almarcha García quien posteriormente, en la orden general del Ejército de Operaciones en Marruecos de 5 de diciembre de 1921, sería propuesto para la cruz Laureada de San Fernando, si bien finalmente no le fue concedida.

Una de las principales actuaciones que motivaron dicha propuesta aconteció en la noche del 27 al 28 de julio cuando se presentó voluntario para realizar en solitario una descubierta para neutralizar una posición enemiga desde donde se les hostigaba constantemente. El guardia Almarcha, armado sólo de su fusil máuser y unas granadas de mano, cumplió con éxito su misión pudiendo regresar a la fábrica en medio de un intenso fuego de fusilería que inútilmente intentó batirle.

El día 2 de agosto, con casi cincuenta bajas propias entre muertos y heridos, agotadas las municiones y los víveres, con el edificio en ruinas por las explosiones de las granadas y los disparos de cañón así como sin esperanza de poder recibir ya el prometido auxilio de Melilla, que distaba tan sólo quince kilómetros, el teniente coronel Pardo, para salvar la vida de los defensores, familiares y demás paisanos que se encontraban con ellos, decidió aceptar la rendición y ordenó la entrega de las armas.

Estratégicamente, la caída de Nador, sentencia a Zeluan y a Monte Arruit. Ya que se contaba con esta línea de resistencia como base para un hipotético plan de rescate.

Como nota curiosa apuntar que los miembros de la Guardia Civil, tras entregar sus armas largas y empezar a formar junto al resto de los defensores, pudieron conservar sus pistolas ya que formaban parte de su uniformidad y el jefe de los rifeños quiso distinguirlos como muestra de respeto y consideración que aquellos hombres les merecía. Posiblemente sin la heroica y solitaria defensa de la fábrica de harinas de Nador, en donde la Guardia Civil jugó un papel trascendental, la historia de la plaza de Melilla en aquel verano de 1921 se hubiera escrito de forma bien diferente.

Pero no todos volvieron con vida de Nador, en la reconquista posterior de esta ciudad se descubre en la “casa del Matadero” 70 cadáveres, salvajemente torturados, de colonos, mujeres, niños y soldados españoles. Será el primero de los horrores que se encuentren los españoles en su reconquista.

3 – 4 de agosto de 1921.- Nador.

Después de 12 días de asedio por parte de harkas rifeñas, Zeluan está al borde del colapso. La moral es baja puesto que los defensores al mando del Capitán Carrasco y el Teniente Fernández se han enterado de la rendición de Nador.

La defensa se organizaba en dos zonas: el aeródromo y la antigua alcazaba de El Roghi (enemigo de España en la guerra de 1909). El primero en caer será el aeródromo donde luchan 30 soldados, 15 de ellos del extinto regimiento Alcántara de Caballería. Al mando de esta posición está el Teniente Manuel Martínez Vivancos. Al perder el 50% de sus efectivos (casi todos los soldados del Alcántara) negocia la rendición de la posición con el jefe de la Harca. Al salir y como ya ocurrió en Dar El Quebdani, los rifeños traicionan la palabra dada y estos matan a los españoles rendidos. Escaparán algunos hombres entre ellos el propio Tte. Martínez Vivancos.

En la alcazaba la situación es angustiosa, empiezan a escasear los víveres, el agua y las municiones. Para colmo, además de los 400 defensores están cincuenta moras con sus hijos, mujeres de los policías indígenas.

Cuando ha perdido 100 de los 400 hombres, el capitán Carrasco entra en negociaciones con la harca rifeña para a cambio de su rendición, dejar que los supervivientes lleguen hasta Melilla. Previamente dejará salir a las moras con sus hijos.

Una vez se produce la capitulación, el capitán Carrasco y el Teniente Fernández son apartados del resto de sus hombres, al primero le torturan y luego lo tirotean. Antes de morir será quemado vivo. Al segundo, el teniente Fernández, lo desnudan y le abren el vientre, tiroteándolo hasta morir.

Los 300 defensores que quedan serán conducidos junto con el resto de prisioneros que ya tenían (incluyendo mujeres y niños españoles) que ha tomado la harca, siendo el total de 500 prisioneros, hasta la “Casa de la Ina” donde después de vejados y torturados salvajemente (incluidas mujeres y niños) algunos serán fusilados, otros colgados, otros descuartizados y la mayoría quemados vivos. Quedará este como el segundo horror que descubran los españoles en la reconquista del territorio.

Mientras estos hechos se producían, en Monte Arruit, única posición española que queda en la zona, la situación se complica para el General Navarro y los 3.000 soldados que están en el campamento, al tener noticias por parte de algunos contactos con el exterior que las posiciones hacia Melilla han caído.

Tiene ante si un dilema, abrirse paso a través de las líneas enemigas para llegar a Melilla o bien esperar a un rescate. Opta por lo segundo por dos motivos: el primero es que tiene una gran cantidad de heridos y la desmotivación es grande en la tropa; en segundo lugar porque las noticias que le transmite el General Berenguer es que se está preparando una contraofensiva.

Y es verdad, el General Berenguer tiene bajo su mando casi 25.000 hombres con todo su material, artillería y aviación (casi dos escuadrillas). Pero sigue sin decidirse ante que plan llevar a cabo. Bien a través de la Restinga mediante un desembarco o bien mediante un ataque directo a las líneas rifeñas en dirección a Nador y Zeluan.

Pero la caída de ambas posiciones hace que el segundo plan sea más arriesgado que el segundo.

Se prepara un consejo de guerra para el día 5 de agosto en el que se decidirá que hacer….

El 5 de agosto de 1921 el General Berenguer recibe la información que temía recibir. Todos los puestos españoles desde Annual hasta El Atalayón (salvo los que están en el cabo tres forcas) han caído en manos de las harkas rifeñas. El levantamiento es total, no solo se han levantado las harkas de Alhucemas que propiciaron el abandono de Annual y posterior caída de las principales posiciones sino que aquellas harkas afectas a España se han pasado al enemigo traicionando en ocasiones como he contado en otras notas a los españoles que pagaron con su vida la confianza en la palabra dada.

Sólo queda Monte Arruit donde está refugiada la columna del General Navarro desde hace una semana y que sufre el acoso de numerosas fuerzas. Al menos 5.000 hombres enardecidos frente a menos de 3.000 hombres, agotados, casi sin comida, sin nada de agua y al borde de la desesperación.

El plan de desembarco y desbordamiento de las líneas rifeñas por la espalda y en dirección a Monte Arruit no ha tenido el beneplácito del gobierno en funciones porque lo considera poco realizable con el material con el que cuenta. También ha sabido el día anterior, que Zeluan ha caído y que con la caída de Nador el día 3 de agosto imposibilita el poder realizar un rescate mediante un ataque directo hacia Monte Arruit.

Sus oficiales se rebelan continuamente ante la situación y piden luchar y enviar un ejército de salvación hacia Monte Arruit distante 35 km del Atalayon. Pero no termina por decidirse. A los que se lo proponen siempre le cuenta que no dispone de los efectivos necesarios. Dice que tiene menos de 10.000 hombres, pero un informe posterior del propio ejército cifra la cantidad de efectivos en esa semana en unos 25.000 hombres. Más del doble del enemigo. Pero donde antes se infravaloraba al enemigo ahora se engrandece su poder de combate.

Para colmo de males, ha recibido la noticia el día anterior, el 4 de agosto de que el ministro de la guerra ha nombrado al General Picasso, instructor de la investigación que deberá realizarse para encontrar las responsabilidades de tan terrible desastre. Sabe que puede acabar encausado dadas las contradictorias órdenes que ha ido dando conjuntamente con el malogrado General Silvestre.

En un consejo de guerra celebrado el 6 de agosto en Melilla se decide finalmente que no se acudirá al rescate de la columna Navarro y se le da libertad para que negocie su rendición.

La situación en Monte Arruit se acerca al desastre, a partir del día 6 de agosto no hay agua, y los alimentos escasean. La tropa se subleva en varias ocasiones y los oficiales pistola en mano tratan de contenerlos. Muchos saltan las murallas y van en dirección a la aguada para beber pero los rifeños les esperan y casi todos terminan muriendo.

El General Navarro manda a varios oficiales a negociar la rendición, han sido asesinados uno detrás de otro. El último en intentarlo será el Comandante Villar. Parece que tiene éxito puesto que vuelve con vida del parlamento con los jefes rifeños. Por la liberación de los 3.000 hombres piden 3.000.000 de ptas. de las de entonces. 1.000 ptas. por hombre. El General Navarro accede al acuerdo que el comandante Villar ha cerrado con los jefes rifeños el día 9 de agosto.

Mientras tanto, el general Berenguer recibe a través de los servicios de información un mensaje de Abd el Krim en el que le indica que los jefes rifeños que cercan Monte Arruit no le obedecen y se teme un holocausto. Pero ya es tarde.

A las 13 horas del día 9 de agosto, la posición se rinde, los oficiales son los primeros en salir haciendo formar a la tropa. Pero desde el primer momento, casi todos los oficiales son conminados a formar aparte. Todos no. Hay algunos que temiéndose lo peor se quedan con sus hombres, como por ejemplo el comandante Alfredo Marquerie, alguno (según indica Juan Pando en su libro) le oye decir cuando se abalanzan los rifeños “rezad si sois creyentes porque éste es el último momento”. Este será uno de los pocos oficiales no heridos que se quedará para morir con sus hombres.

Una vez desarmada la columna Navarro, los rifeños forman un pasillo y empiezan a disparar, de repente la masacre, los españoles se intentan defender con las manos pero los enemigos son demasiados y tienen las armas. Ese día se produce una carnicería y morirán 2.650 españoles y rifeños, hermanos de España.

El general Navarro que contempla la escena se queda mudo, sus oficiales le protegen porque los rifeños lo quieren matar. Llegan en ese momento, enviados de Abd el Krim que logran in extremis proteger la vida de los oficiales que siguen con vida incluido su general. Se los llevan de allí. Volverán dos años más tarde a España cuando se paguen 4 millones de pesetas por su liberación. “Demasiado dinero para comprar carne de gallina” dirán los periódicos de la época.

A Melilla van llegando a lo largo de los días supervivientes de la masacre, contando la cruda realidad. Estos relatos llegan al General Berenguer que no da crédito a lo que le dicen. Mandará patrullas aéreas y estas le confirmarán que el campo de Monte Arruit está cubierto de cadáveres.

Cuando cuatro meses más tarde se reconquiste la zona las fotografías de los cadáveres insepultos de los soldados españoles se sabrá con exactitud la magnitud de la tragedia.

Cinco meses después del desastre de Annual, el general Picasso entregará a la superioridad su famoso informe. En él califica de negligente la actuación de los generales Berenguer (alto comisario del protectorado) y Navarro (2º jefe de la comandancia militar de Melilla) y de imprudente la actuación del general Silvestre (Jefe de la comandancia militar de Melilla).

De dicho informe no se tiene una copia completa faltando algunos documentos.

.- EPÍLOGO.-

Nunca se sabrá a ciencia exacta los muertos o desaparecidos del ejército español en el desastre de Annual. Un cálculo que podría ser aceptable habla de unos 9.500 españoles y 2.500 rifeños afectos a España.

Además de daños personales hay que contar con la pérdida de aproximadamente 22.000 fusiles, 400 ametralladoras, 130 cañones y demás pertrechos militares. También se perdieron infraestructuras (Ferrocarril, cultivos, fábricas, instalaciones varias) que tanto había costado levantar.

Inmediatamente después del desastre el gobierno de Allendesalazar tuvo que dimitir en pleno y sustituido por otro. El ejército formado por oficiales ávidos de subir en el escalafón más que en tener a sus hombres preparados sufrió un golpe de muerte y las llamadas “juntas de defensa” fueron abolidas.

En 1923, Primo de Rivera dio un golpe de estado. Su opinión con respecto al tema del Rif era de abandonarlo porque no se daban las condiciones necesarias para su conquista. Sin embargo al año y después de la retirada de Xauen (1924) cambió de opinión y se preparó la reconquista planificando un desembarco en Alhucemas. Este plan no era nuevo sino que se había planteado en 1920. Fue llevado a cabo en 1925 y fue un éxito. Es considerado el primer desembarco aeronaval de la historia y fue referente para Eisenhower en su desembarco de Normandía.

La guerra terminó en 1927 y desde entonces hasta 1956 cuando el territorio se reintegró a Marruecos, hubo paz.

En cuanto a los combates propiamente dichos, fueron encarnizados y no se hicieron consideraciones ninguna por ambos bandos. Tanto españoles como rifeños no tomaban prisioneros y no hubo rendiciones numerosas puesto que el que se rendía era pasado a cuchillo por el enemigo.

Del lado español y fruto de su impotencia militar, se utilizó armamento químico localizado en algunas acciones bélicas (1921 – 1922). No obstante, no fue de manera generalizada como indican algunas fuentes.

En 1923 fueron liberados los cerca de 500 españoles que habían sido hechos prisioneros en 1921 después del pago de una fuerte suma de dinero (4 millones de pesetas de la época).

El General Navarro segundo jefe de la comandancia militar de Melilla estaba entre ellos y siguió en el ejército. Murió en 1936, fusilado en Paracuellos por los republicanos.

El General Berenguer, cayó en desgracia muy desacreditado en el informe Picasso. Fue rehabilitado por Primo de Rivera y volvió a caer en desgracia durante la república siendo amnistiado en 1932. Desde entonces y hasta su muerte estuvo apartado de toda actividad pública. Murió en 1953.

Abd-El Krim, después del desembarco de Alhucemas y de sucesivas derrotas se entregó en el Marruecos francés y deportado a la isla reunión. Pero mientras era trasladado se fugó y vivió hasta su muerte en Egipto. No quiso volver al Rif una vez agregado a Marruecos porque consideraba que el Rif tenía que ser independiente. Murió en 1963.

Termina aquí esta pequeña historia de unas semanas que fueron duras y trágicas para España. Sirva este pequeño relato que he hecho para reconocer el valor de algunos y la cobardía de otros.

ANEXO FOTOGRÁFICO.

 

Arruit antes del ataque
Arruit antes del ataque

Arruit reconquistado 4 meses después del desastre

Cadáveres de soldados españoles en Arruit

Cadáveres de soldados españoles en Arruit

El cadáver de un soldado español.

El cadáver de un soldado español.

 

Cadáveres de españoles y caballos.

Cadáveres de españoles y caballos.

Cadáveres de soldados españoles.

Cadáveres de soldados españoles.

El General Berenguer visitando Monte Arruit después de su reconquista (tapándose la nariz).

El General Berenguer visitando Monte Arruit después de su reconquista (tapándose la nariz).

Dando los sacramentos a soldados españoles muertos.

Dando los sacramentos a soldados españoles muertos.

 

Recogiendo cadáveres desperdigados.

Recogiendo cadáveres desperdigados.

Cavando las fosas comunes.

Cavando las fosas comunes.

Desenterrando los restos en 1949 para su traslado al mausoleo de Melilla.

Desenterrando los restos en 1949 para su traslado al mausoleo de Melilla.

Mausoleo de Melilla en honor a los defensores de Arruit.

Mausoleo de Melilla en honor a los defensores de Arruit.

Datos sacados de:

  • Informe Picasso. 1921 (Archivos de Ministerio de Justicia – digitalizado).
  • Historia Secreta de Annual. Juan Pando. Temas de Hoy 1999.
  • Annual 1921. Manuel Leguineche. Alfaguara 1996.
  • Historia de la incompetencia militar. Geoffrey Regan. Grupo Planeta. 2007.
  • El desastre de Annual. Ricardo Fernández de la Reguera y Susana March. Planeta. 1969.
  • La legión española (1920 – 1936). Julio de la Torre Galán.
  • La tragedia prevista. Fernando López Hidalgo. Imprenta de Juan de Pueyo. 1921.
  • El infierno de Axdir. Vicente P. Colomar Cerrada. Cultiva libros. 2010.
  •  www.ingenierosdelrey.com
  • Hemeroteca de ABC. (1920 – 1924)


One Response

  1. luis modrego bretones dice:

    Un gran articulo que condensa los terribles hechos que nuestro ejercito en el protectorado tuvo que padecer en el verano de 1921,forman parte de nuestra historia reciente y es necesario que se conozcan por todos los españoles con sus lados oscuros y heroicos que componen en comportamiento de nuestros mayores que todo lo dieron por España .Soy nieto de un soldado de aquellos y por conocimiento directo de mi abuelo era conocedor de este terrible episodio,dispongo de material periodistico de la epoca en los dias del desatre y de la epoca del general Marina 1909 por si alguien esta interesado en revisarlo

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