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Cristina Martínez Martín

El valor del esfuerzo

MUERTE EN VENECIA

Cuando propuse esta película, no lo hice porque me gustara especialmente sino porque en su día me fascinó y esa fascinación ha durado a lo largo de los años…

El compositor Gustav von Aschembach viaja a Venecia para curar una depresión severa y allí se encuentra cara a cara con lo que ha sido la meta de su vida: alcanzar la belleza y esa belleza la encarna un adolescente, Tadzio.

La película tiene cuatro protagonistas: el profesor Aschembach, Tadzio, Venecia y el sonido constante, envolvente y cautivador de la música de Malher.

El tema central lo constituye la lucha interna de este hombre, un creador, un artista, al encontrar a Tadzio, de quien se enamora irremediablemente pese a su desprecio por los homosexuales, en tanto sus convicciones como hombre casado y burgués se derrumban. El profesor Aschembach desea a alguien de su mismo sexo en una sociedad que castiga con ferocidad a los desviados. La mirada enigmática y provocadora de Tadzio confronta a Aschembach con su homosexualidad reprimida y con su cobardía.

“El artista debe ser ejemplar” recuerda que habia sostenido en una discusión con su discípulo Alfred. “La creación debe ser un acto espiritual y el artista debe dominar sus sentidos”. Sin embargo, su discípulo le reprocha esos paradigmas porque el arte, según Alfred, resulta estéril cuando se domestica y es indiferente a la moralidad.

El otro tema asimismo presente en toda la película desde el principio es la muerte. Ese barquero que no lo lleva al sitio que él desea sino al Lido en una góndola negra, es un mensaje indicando que no se puede escapar del destino.

Una vez alcanzada su meta en la vida, con el descubrimiento de la belleza y del amor en estado puro, solo le queda al profesor Aschembach una escapatoria: la muerte y no una muerte cualquiera sino un orgasmo mortal. Eros y Thanatos se dan la mano en la escena final.

La peste que asola la ciudad y que los venecianos ocultan para no espantar al turismo facilita la critica de Visconti sobre el beneficio económico que prevalece sobre el bien común hasta el punto de hacer peligrar la vida de todos. En ultima instancia hay que tapar y esconder lo irremediable, la vejez; la vejez como algo degradante y nunca aceptado con dignidad, por eso Aschembach se somete a un camuflaje humillante y a un tinte que al final lo delata.

Nadie mejor que Luchino Visconti, para retratar la decadencia y el final de esa clase social que aparece en la película y a la que él mismo pertenece. Esa decadencia reflejada en sus películas es un preludio de la primera guerra mundial.

El escenario es suntuoso. En el lujoso hotel cada huésped es atendido por una legión de sirvientes. La decoración refleja un gusto exquisito y la vestimenta tipo belle époque es una maravilla. La fotografía también es extraordinaria y por momentos recuerda a los cuadros de Sorolla.

Dick Bogarde convence como ese alma torturada, ese cobarde infame al que libera de sus convenciones sociales su propia muerte. Silvana Mangano está excelente como esa gran dama, fría y estirada, que se considera por encima de los demás mortales y refleja a la aristocracia.

Visconti se basó en la obra de Thomas Man, y según los críticos en la vida de Gustav Mahler, pero a mi me parece que, sobre todo, se retrata a sí mismo en Muerte en Venecia. Esa ciudad que emerge del agua y que se está hundiendo eternamente es la visión de su propia vida. Hay mucha amargura en esta película y una critica acerva a la cobardía del protagonista, a la negación de la vejez y al egoísmo e hipocresía de la sociedad en general . Pero hay también una puesta en escena extraordinaria, una fotografía sublime, un vestuario exquisito y cuidado en los menores detalles, una actuación impecable, una música genial y un drama humano eterno y universal, todo lo cual nos reconcilia con uno de los más geniales inventos del siglo XIX, el cine.